Rablè International/Usted ya no lee ni escribe como antes



Ripro­po­niamo qui un arti­colo di Anto­nio Fra­guas che, sul quo­ti­diano spa­gnolo El Paìs del 17 luglio 2012, parla del libro di Javier Celaya, Rea­pren­der en la era digital–

 

 

Cuando leía sus ojos cor­rían por encima de las pági­nas, cuyo sen­tido era per­ci­bido por su espí­ritu; pero su voz y su len­gua descan­sa­ban”. San Agu­stín de Hipona quedó estu­pe­facto al ver a san Ambro­sio de Milán leyendo en silen­cio en su celda mona­cal. Lo cuenta en las Con­fe­sio­nes. Cor­ría el siglo IV y hasta enton­ces quien sabía leer lo hacía en voz alta. Las cosas cam­bia­ron: los sopor­tes para la escri­tura (arcilla, hue­sos, papiro, per­ga­mino…); el tipo de lec­tor (desde los sumos sacer­do­tes a esa señora del metro) y tam­bién los escri­to­res… El cam­bio llevó siglos, pero ahora, en el breve espa­cio de una vida humana, la de usted, todo vuelve a cam­biar. La camada de huma­nos que hoy pue­bla el mundo rico nació leyendo y escri­biendo de una manera y morirá leyendo y escri­biendo de otra.

Algu­nos sín­to­mas del cam­bio en la manera de escri­bir son evi­den­tes. Por ejem­plo, el aban­dono del bolí­grafo y de la cali­gra­fía en aras del teclado y las pan­tal­las tác­ti­les. Pero más allá de la mecá­nica de la escri­tura, la irru­p­ción del mundo digi­tal tam­bién está cam­biando la forma en que los nue­vos auto­res con­ci­ben su obra. El para­digma del escri­tor se encuen­tra en plena revi­sión. Desde que un indi­vi­duo con ganas de con­tar una histo­ria se enfrenta a un folio (pan­talla) en blanco, hasta el instante en que un lec­tor ini­cia la lec­tura de esa histo­ria, toda la cadena de crea­ción, publi­ca­ción, distri­bu­ción y comer­cia­li­za­ción de la obra está patas arriba. Un sín­toma más es el estado de la indu­stria edi­to­rial en España. En 2011, según datos del INE, el número de libros impre­sos se redujo un 24,4% y vol­vió al nivel de hace una década. Poco a poco el for­mato digi­tal toma el relevo. Más del 20% de las licen­cias de ISBN (el DNI de cada libro) que se emi­ten en España son ya para con­te­ni­dos digi­ta­les. En 2011 se ven­die­ron un 500% más de dispo­si­ti­vos de lec­tura elec­tró­nica que en 2010.

Tam­bién cam­bia la forma en que nos rela­cio­na­mos con otros lectores

No ten­gáis miedo de la tec­no­lo­gía. Si la abra­záis encon­tra­réis muchas más opor­tu­ni­da­des que si lucháis con­tra ella”. Estas pala­bras de Kerry Wil­kin­son fue­ron reci­bi­das con gesto grave por un selecto grupo de edi­to­res durante la pasada Feria del Libro de Lon­dres. Wil­kin­son, perio­di­sta depor­tivo bri­tá­nico de 31 años, ha sido durante meses el autor más ven­dido en las listas que los gran­des alma­ce­nes vir­tua­les Ama­zon ela­bo­ran para los títu­los dispo­ni­bles en sus dispo­si­ti­vos de lec­tura Kindle. En seis meses, Wil­kin­son ven­dió 250.000 ejem­pla­res de su novela Loc­ked in. Nunca antes había escrito y se plan­teó todo como un expe­ri­mento. Él deci­dió el pre­cio de su obra, tam­bién cuál iba a ser la sinop­sis y cuál iba a ser el con­te­nido del frag­mento (un 10% de la obra) que los lec­to­res iban a poder disfru­tar gra­tui­ta­mente. Se con­vir­tió en su pro­pio edi­tor y agente, pero, final­mente, firmó por una edi­to­rial tra­di­cio­nal. Pan Mac­mil­lan publi­cará sus tres pró­xi­mas nove­las y ha com­prado los dere­chos tanto digi­ta­les como físi­cos de sus tres ante­rio­res trabajos.

En España está ocur­riendo lo mismo. Ya no es el autor el que busca edi­tor, sino a la inversa. Armando Rodera (Madrid, 1972) es uno de los cinco escri­to­res que Edi­cio­nes B ha fichado direc­ta­mente de Inter­net. Su novela El enigma de los ven­ci­dos forma parte de la colec­ción Top­Di­gi­tal. Se trata de libros en papel cuyo ori­gen eran e-books autoe­di­ta­dos que habían sido super­ven­tas en Ama­zon España. ¿Cuál es el secreto de esas nove­las que, hasta ahora, habían pasado inad­ver­ti­das para los edi­to­res tra­di­cio­na­les? “Siem­pre me ha gustado leer en for­mato thril­ler y eso lo intento tra­sla­dar a mis obras: tra­mas flui­das que invi­ten a seguir leyendo, mucho diá­logo y descri­p­cio­nes bre­ves, per­so­na­jes que lla­men la aten­ción. El lec­tor digi­tal demanda nove­las más cor­tas y con mucha acción, por lo que no he tenido que cam­biar dema­siado mi manera de escri­bir. Sin embargo, mi novela más exi­tosa en Ama­zon, La rebel­día del alma, alcanzó el número uno en España a pri­me­ros de junio siendo mi histo­ria más refle­xiva. Cue­stión de gustos”, responde Rodera.

Gómez-Jurado, muy activo en Twit­ter, es el nuevo para­digma de escritor

Estos nue­vos auto­res (y sus lec­to­res) no serían com­pren­si­bles sin el dispo­si­tivo de lec­tura. “Los libros elec­tró­ni­cos, en gene­ral, no sir­ven para deco­rar una habi­ta­ción”. Dwight Gar­ner bro­meaba en las pági­nas de The New York Times en marzo en su artí­culo La manera en que lee­mos ahora. Con humor, repa­saba las vir­tu­des y defec­tos de todos los cachar­ros en los que ahora se puede leer. “Como los libros elec­tró­ni­cos no tie­nen cubier­tas, puede que a los ado­le­scen­tes les resulte más fácil leer libros que algu­nos padres antes confiscaban”.

Cam­biará el aspecto de nue­stras salas de estar, cam­bian los luga­res donde lee­mos y cam­bia la forma en que nos rela­cio­na­mos con otros lec­to­res (olví­dese de encon­trar a su media nara­nja en el auto­bús guián­dose por la cubierta de la novela que va leyendo, busque, más bien, en las redes socia­les y en los clu­bes de lec­tura vir­tua­les). Gar­ner, ade­más, rela­ciona un tipo de obras con un deter­mi­nado soporte. Para su telé­fono inte­li­gente elige los Dia­rios de John Chee­ver. Para su iPad, “esa clase de gran­des libros de no fic­ción (…) como la bio­gra­fía de Steve Jobs escrita por Wal­ter Isaacson”.

Julieta Lio­netti es la respon­sa­ble de las noti­cias sobre el mer­cado del libro en español en la revi­sta espe­cia­li­zada Publi­shing Per­spec­ti­ves. A sus espal­das, una car­rera de 20 años como edi­tora: “No lee­mos solo con los ojos. Lee­mos con las manos, con el cuerpo todo, que adopta una u otra postura según el género y la inten­ción. La revo­lu­ción digi­tal ha roto el anti­guo lazo entre los tex­tos (las obras) y los obje­tos (los libros). Esto cam­bia la forma en que lee­mos. ¿Cómo? En la lec­tura digi­tal jamás nos encon­tra­mos ante la obra entera. No tene­mos expe­rien­cia sen­si­ble de su tota­li­dad. La lec­tura a sal­tos y brin­cos de la que hablaba Mon­tai­gne al refe­rirse al libro códice no es equi­va­lente a la frag­men­ta­ción que nos pro­pone la pan­talla lumi­nosa o de tinta elec­tró­nica. En el libro digi­tal, avan­za­mos solo en el tiempo, nunca en el espa­cio exte­rio­ri­zado de la materialidad”.

Los nue­vos ficha­jes de Edi­cio­nes B han sido ‘pesca­dos’ de Internet

Por eso un tipo de géne­ros, como defen­día Rodera, son más deman­da­dos por los lec­to­res de libro digi­tal: “Los más acep­ta­dos son aquel­los en los que avan­za­mos a cie­gas para saber qué pasará: novela en gene­ral, pero sobre todo la román­tica, la de suspense, la de cien­cia fic­ción y fan­ta­sía, que no dejan de ser un sub­gé­nero de la lite­ra­tura de aven­tu­ras. Pri­va­dos de la espa­cia­li­dad del objeto, de la con­cien­cia de su tota­li­dad, lee­mos solo en el tiempo”, señala Lionetti.

El escri­tor Juan Gómez-Jurado, que acaba de publi­car su cuarta novela, La leyenda del ladrón (Pla­neta), con­si­dera que con el cam­bio de siglo España ha empe­zado a enten­der el fenó­meno de los libros bloc­k­bu­ster. “Con Harry Pot­ter, con La som­bra del viento, con el Código da Vinci… Es un fenó­meno que en EE UU lleva tres déca­das. Son nove­las que lee hasta quien no ha leído nunca. Son obras que crean lec­to­res y, tam­bién, escri­to­res”, afirma. Y crean un tipo nuevo de escri­to­res y de lec­to­res que ya no respon­den nece­sa­ria­mente al cli­ché del inte­lec­tual: “Aquí nos hemos creído que lo bueno era deter­mi­nado tipo de histo­rias aso­cia­das a la lite­ra­tura intimista-costumbrista en la que el río de pen­sa­miento era lo más impor­tante. Yo no creo que fuese capaz de escri­bir una novela de Javier Marías, pero dudo bastante que Javier Marías fuese capaz de escri­bir una novela mía, ¿por qué una cosa va a ser mejor que la otra?”, se pre­gunta Gómez-Jurado.

El papel pre­scrip­tor del edi­tor y del crí­tico lite­ra­rio está desapareciendo

Los nue­vos auto­res saben bien lo dura que es la com­pe­ten­cia en el mundo digi­tal y, tam­bién, que esto es solo el comienzo. “Quizá el soporte digi­tal posi­bi­lite que se publi­quen libros menos tra­ba­ja­dos, pero tam­bién libros más entre­te­ni­dos. Ade­más, a escri­bir se aprende y un autor novel mejo­rará con la prác­tica”, apunta Gómez-Jurado y advierte de las posi­bi­li­da­des comer­cia­les de este nuevo eco­si­stema: “Lo que pro­duce el mundo digi­tal es una serie de nichos que antes no esta­ban cubier­tos. Puede haber un lec­tor faná­tico de nove­las de inve­sti­ga­do­res pri­va­dos en la Ale­ma­nia nazi. Si de repente surge un autor que se espe­cia­lice en ello, ten­drá un gran éxito en su género. Se ha pro­du­cido en Esta­dos Uni­dos con Amanda Haw­king. Sus nove­las tie­nen 16.000 crí­ti­cas online y el 90% de ellas de cinco estrel­las. Son libros que tie­nen una cali­dad lite­ra­ria, entre comil­las, infe­rior, pero sati­sfa­cen una nece­si­dad”. Así pues, el papel pre­scrip­tor del edi­tor tra­di­cio­nal, y del crí­tico lite­ra­rio, está desa­pa­re­ciendo. Lo que manda es el boca a boca virtual.

Son los lec­to­res a tra­vés de las redes socia­les los que reco­mien­dan a otros lec­to­res qué hay que leer. Tam­bién son los lec­to­res los que dan pistas a los escri­to­res sobre fal­los en sus obras, o sugie­ren nue­vas tra­mas. El escri­tor deja de ser un per­so­naje al que uno solo puede pedirle un autó­grafo en una caseta de feria. Gómez-Jurado, con más de 135.000 segui­do­res en la red social Twit­ter y un diá­logo con­stante con sus lec­to­res, repre­senta en buena medida el nuevo para­digma de escritor.

Gar­ner ve obras lite­ra­rias más indi­ca­das para dife­ren­tes soportes

El lin­güi­sta José Anto­nio Mil­lán es autor, entre otras obras, de La lec­tura y la socie­dad del cono­ci­miento (2001). Mil­lán enu­mera los bene­fi­cios que para el crea­dor ofre­cen los nue­vos sopor­tes: “La mayor ven­taja de escri­bir para soporte digi­tal es que la lon­gi­tud no es una limi­ta­ción a priori. Quiero decir que uno puede dila­tarse lo que pida el tema, lo que exija su desar­rollo. Y luego la obra puede difun­dirse o comer­cia­li­zarse inde­pen­dien­te­mente del tamaño (eso sí: si se vende hay una rela­ción bastante clara entre exten­sión y pre­cio). De hecho, han sur­gido nue­vos nichos de tamaño, como los Ama­zon Sin­gles, que ape­lan a una lon­gi­tud natu­ral (más lar­gos que un artí­culo, pero meno­res que una novela), que antes estaba vedada por el mercado…”.

Sin­gles, sí, como en el mundo de la música. T. C. Boyle, uno de los mae­stros esta­dou­ni­den­ses del relato corto, tam­bién ve la ana­lo­gía: “En cuanto a los e-books y las descar­gas, veo que mi edi­tor ale­mán, Han­ser Ver­lag, está ofre­ciendo descar­gas bara­tas de una colec­ción de 14 histo­rias mías, histo­rias que toda­vía no han sido tra­du­ci­das y publi­ca­das en papel. ¿Que cómo me siento? Pues como un roquero que ofrece can­cio­nes suel­tas en iTu­nes a 99 cén­ti­mos”. Boyle, en cam­bio, niega cual­quier con­di­cio­na­miento del mundo digi­tal sobre su forma de escri­bir: “No tengo abso­lu­ta­mente nada en cuenta, salvo la histo­ria que me traiga entre manos”.

Lo digi­tal ha roto el lazo entre los tex­tos y los obje­tos”, dice Lionetti

Pese a las suspi­ca­cias que los nue­vos sopor­tes pue­dan levan­tar en los auto­res y lec­to­res tra­di­cio­na­les, las pri­me­ras inve­sti­ga­cio­nes mue­stran que aquel­las per­so­nas que leen en for­mato digi­tal leen más que las que lo hacen en papel. Así lo apunta un estu­dio sobre el pano­rama en Esta­dos Uni­dos ela­bo­rado por el Pew­Re­search Cen­ter publi­cado en abril. El lec­tor medio de libros digi­ta­les lee 24 al año, mien­tras que el lec­tor en papel lee una media de 15. En España no llega a tres mil­lo­nes el número de per­so­nas que leen libros en for­mato digi­tal. En 2010 repre­sen­ta­ban el 4,3% de todos los lec­to­res. En diciem­bre de 2011 ya eran el 6,8%, según el estu­dio Hábi­tos de lec­tura y com­pra de libros en España 2011 que publica la Fede­ra­ción de Gre­mios de Edi­to­res de España.

Los lec­to­res ya no son lo que eran y los escri­to­res tam­poco. Ante el cam­bio, uno puede inquie­tarse, como san Agu­stín al ver a san Ambro­sio leyendo en voz baja, o recur­rir al prag­ma­ti­smo, como Gómez-Jurado: “Aquí no esta­mos sal­vando el mundo, lo que esta­mos haciendo es con­tar historias”.

 




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     luglio 23, 2012 Pubblicato in Articoli -       Leggi Tutto
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